24 de noviembre de 2016

EL PAPA FRANCISCO CONCEDE A TODOS LOS SACERDOTES LA FACULTAD DE ABSOLVER DEL PECADO DEL ABORTO

La Santa Sede publicó en la mañana del pasado lunes, 21 de noviembre, la Carta Apostólica Misericordia et misera, con la que el Papa Francisco resume lo vivido durante el Jubileo de la Misericordia con una serie de propuestas concretas para que la misericordia no sea “un paréntesis en la vida de la Iglesia”. 



En esta carta, el Papa concede a todos los sacerdotes la facultad de absolver el pecado de aborto: “de ahora en adelante concedo a todos los sacerdotes, en razón de su ministerio, la facultad de absolver a quienes hayan procurado el pecado de aborto”, ampliando así, por tiempo ilimitado, la potestad que les otorgó durante la vigencia del Año de la Misericordia. “Quiero enfatizar con todas mis fuerzas que el aborto es un pecado grave, porque pone fin a una vida humana inocente. Con la misma fuerza, sin embargo, puedo y debo afirmar que no existe ningún pecado que la misericordia de Dios no pueda alcanzar y destruir, allí donde encuentra un corazón arrepentido que pide reconciliarse con el Padre. Por tanto, que cada sacerdote sea guía, apoyo y alivio a la hora de acompañar a los penitentes en este camino de reconciliación especial”.

Además de dicha autorización para que todos los sacerdotes puedan a absolver del pecado de aborto a quienes se confiesen de haberlo procurado, desde el personal médico hasta los padres del bebé, hasta ahora sólo podía hacerlo el obispo. También ha prorrogado indefinidamente el trabajo de los mil «misioneros de la misericordia» que pueden perdonar los cinco pecados reservados a la Sede Apostólica. Se trata de la violación del secreto de confesión; la ordenación de obispos sin la aprobación del Papa; la complicidad de sacerdotes que propongan relaciones sexuales a otra persona y luego la confiesen de ese pecado; la profanación de la Eucaristía; y la violencia contra el Papa.

La idea de Francisco es que quien se acerca a una iglesia para reconciliarse con Dios, no se encuentre con ningún tipo de trabas en el confesionario.  
La petición central del Papa a los sacerdotes y a los laicos es que ayuden a «que cada uno, sin excluir a nadie, sin importar la situación que viva, pueda sentirse acogido concretamente por Dios, participar activamente en la vida de la comunidad y ser admitido en ese Pueblo de Dios que, sin descanso, camina hacia la plenitud del reino de Dios, reino de justicia, de amor, de perdón y de misericordia».

El Santo Padre en dicha carta también nos propone luchar contra la indiferencia ante el sufrimiento de las personas y nos recuerda cómo las personas cambian y son más felices cuando ayudan a otras, y evoca los «gestos concretos de bondad y ternura» que ha visto en decenas de voluntarios y voluntarias en sus visitas de este año. 

El Papa Francisco nos pide a todos los católicos «imaginación e inteligencia» para «restituir la dignidad a las personas y que tengan una vida más humana». Se trata de quienes experimentan el drama de «no tener trabajo y no recibir un salario justo; no tener una casa o una tierra donde habitar; ser discriminados por la fe, la raza, la condición social», concreta. 

También habla de quienes padecen hambre, se ven obligados a emigrar, cumplen condena en situaciones inhumanas o no tienen acceso a la educación. 

La última medida propuesta en esta Carta es la institución de una Jornada mundial de los pobres, que celebrará la Iglesia cada año en noviembre, el domingo antes de la fiesta de Cristo Rey. «Ayudará a reflexionar sobre cómo la pobreza está en el corazón del Evangelio y que mientras haya un pobre en la puerta de nuestra casa no podrá haber justicia ni paz social».  

El texto retoma la línea de los tres grandes documentos del pontificado de Francisco, «La alegría del Evangelio», «La Alegría del Amor» y la «Laudato si'».