11 de abril de 2016

EXHORTACIÓN APOSTÓLICA "AMORIS LAETITIA" DEL SANTO PADRE FRANCISCO

El pasado viernes, 8 de abril, la Oficina de Prensa del Vaticano publicaba la esperada exhortación apostólica postsinodal del Papa Francisco titulada “Amoris Laetitia” sobre el amor en la familia, la cual fue escrita teniendo como  base los trabajos de los dos Sínodos de Obispos sobre la familia celebrados en el Vaticano en 2014 y 2015, y fue firmada por el Papa el 19 de marzo día de San José de este presente año.
Durante el Sínodo de 2015, cuyo tema fue “La vocación y misión de la familia en la Iglesia y en el mundo moderno”, los Obispo debatieron diversos temas relacionados con la familia, entre los que estuvieron la preparación para el sacramento del matrimonio, la atención pastoral a las familias en dificultad, la violencia familiar, entre muchos otros.
En la exhortación, compuesta por nueve capítulos y 325 numerales, el Santo Padre alienta efectivamente una aproximación pastoral en la que resalta que hay que tener una actitud de “discernimiento”, la cual debe servir para ayudar a las familias, a los matrimonios y a las parejas que desean contraer matrimonio, así como pide a la Iglesia que no se canse de promover la belleza del matrimonio cristiano, y que trabaje para ayudar a los matrimonios a mantener alegremente sus promesas. 
Ante la expectación que se ha creado sobre el acceso a la comunión por parte de los divorciados en nueva unión, nosotros en este artículo queremos explicar brevemente esta cuestión para evitar posibles interpretaciones erróneas, puesto que en esta exhortación se dedica un capítulo entero al acceso de los divorciados vueltos a casar a la comunión eucarística.
En algunos casos, la valoración de la dignidad propia y del bien de los hijos exige poner un límite firme a las pretensiones excesivas del otro, a una gran injusticia, a la violencia o a una falta de respeto que se ha vuelto crónica. Hay que reconocer que hay casos donde la separación es inevitable. A veces puede llegar a ser incluso moralmente necesaria.
Los Obispos indicaron que es indispensable valorar cada caso en particular para así poder acompañar pastoralmente a los separados, los divorciados, los abandonados. Hay que acoger y valorar especialmente el dolor de quienes han sufrido injustamente la separación, el divorcio o el abandono, o bien, se han visto obligados a romper la convivencia por los maltratos del cónyuge. Al mismo tiempo, hay que alentar a las personas divorciadas que no se han vuelto a casar, que a menudo son testigos de la fidelidad matrimonial, a encontrar en la Eucaristía el alimento que las sostenga en su estado.
A las personas divorciadas que viven en nueva unión, es importante hacerles sentir que son parte de la Iglesia, que «no están excomulgadas» y no son tratadas como tales, porque siempre integran la comunión eclesial. La Iglesia sabe bien que esa situación contradice el Sacramento cristiano. Sin embargo, su mirada de maestra se nutre siempre en un corazón de madre; un corazón que, animado por el Espíritu Santo, busca siempre el bien y la salvación de las personas. San Juan Pablo II, en la exhortación apostólica Familiaris Consortio, recomendaba hacer un discernimiento diferenciando entre quien sufrió la separación respecto a quien la provocó.
Se trata de integrar a todos, se debe ayudar a cada uno a encontrar su propia manera de participar en la comunidad eclesial. Obviamente, si alguien ostenta un pecado objetivo como si fuese parte del ideal cristiano, o quiere imponer algo diferente a lo que enseña la Iglesia, no puede pretender dar catequesis o predicar, y en ese sentido hay algo que lo separa de la comunidad. Necesita volver a escuchar el anuncio del Evangelio y la invitación a la conversión. Pero aun para él puede haber alguna manera de participar en la vida de la comunidad, sea en tareas sociales, en reuniones de oración o de la manera que sugiera su propia iniciativa, junto con el discernimiento del pastor. Acerca del modo de tratar las diversas situaciones llamadas «irregulares», los Obispos sinodales alcanzaron un consenso general: «Respecto a un enfoque pastoral dirigido a las personas que han contraído matrimonio civil, que son divorciados y vueltos a casar, o que simplemente conviven, compete a la Iglesia revelarles la divina pedagogía de la gracia en sus vidas y ayudarles a alcanzar la plenitud del designio que Dios tiene para ellos» siempre posible, con la fuerza del Espíritu Santo.
Además debemos tener una atención especial sobre todo en aquellas rupturas en las que hayan de por medio hijos, ellos son los que sufren más en estas situaciones. Es necesaria una acogida fraterna y atenta, en el amor y en la verdad, hacia los bautizados que iniciaron una nueva convivencia tras el fracaso del matrimonio sacramental. En efecto, estas personas no están excomulgadas, y de ninguna manera se las debe tratar como tales: ellas forman siempre parte de la Iglesia. Además, ¿Cómo podremos recomendar a estos padres que hagan todo lo posible para educar a sus hijos en la vida cristiana, dándoles el ejemplo de una fe convencida y practicada, si los tuviésemos alejados de la vida de la comunidad, como si estuviesen excomulgados?
De aquí la reiterada invitación de los Pastores a manifestar abierta y coherentemente la disponibilidad de la comunidad a acogerlos y alentarlos, para que vivan y desarrollen cada vez más su pertenencia a Cristo y a la Iglesia con la oración, la escucha de la Palabra de Dios, la participación en la liturgia, la educación cristiana de los hijos, la caridad, el servicio a los pobres y el compromiso por la justicia y paz.
Para concluir decir que la exhortación apostólica postsinodal no se pronuncia definitivamente sobre el tema del acceso a la comunión de los divorciados en nueva unión. Lo que hace es proponer una perspectiva pastoral en la que se tenga en cuenta “la complejidad de cada situación”, con el importante criterio del discernimiento que el Papa subraya en todo momento sin afirmar, de modo general, que estos fieles pueden acceder a la Eucaristía, es decir, en esta exhortación el Papa en ningún momento habla de que puedan recibir la comunión sino que se centra en analizar cómo las reglas generales no se tienen porque aplicar igual en cada caso particular.  Apuesta por tener en cuenta la complejidad de cada caso mediante el “discernimiento” de los pastores.
El Papa pide a sacerdotes y obispos que afronten estas situaciones caso por caso "de un modo constructivo” y que les ayuden a integrarse en diferente medida en la Iglesia. 


A lo largo del texto hay muchas invitaciones a valorar la importancia de la conciencia personal, madurada en la conversación con el sacerdote.


El Papa parte de la buena intención de quienes hablan en conciencia y solicitan ayuda espiritual, sin pretender "poner sus deseos por encima del bien común de la Iglesia”. 

Por eso, invita a los divorciados interesados a conversar con un sacerdote. Les avisa de que "no siempre encontrarán en ellos una confirmación de sus propias ideas o deseos, pero seguramente recibirán una luz que les permita comprender mejor lo que les sucede y podrán descubrir un camino de maduración personal”. 

Por último, comentar que en el apartado Habla el Papa de nuestro blog, tenéis una sección donde podréis consultar, leer o imprimir toda la exhortación apostólica, os animamos a que la visitéis.
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